20 mitos y verdades de la delincuencia

20 mitos y verdades de la delincuencia

La revista Qué Pasa analiza en este artículo las afirmaciones y teorías que existen en nuestro país respecto del estado de la delincuencia y seguridad ciudadana.

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1.- La delincuencia ha aumentado en los últimos dos años.  Falso.

Existe una sensación real de inseguridad en la ciudadanía cuya justificación está en el explosivo aumento que registró la delincuencia a partir de 1995 y, en especial, a partir de 2000. Entre ese año y 2003 los delitos de alta connotación social -como el robo y el asalto- subieron desde 1.250 casos cada 100 mil habitantes hasta 2.250 casos c/100 mil hbts. Pero desde el 2003, y en eso coinciden los datos del gobierno con los de la Fundación Paz Ciudadana/Adimark, las cifras de delitos efectivamente se han estancado: el índice de victimización (hogares en que algún miembro de la familia ha sido víctima de robo o intento de robo en los últimos seis meses) pasó de 40,8 %, en 2003, a 37,9 %, en 2005. Aunque las cifras no permiten afirmar que existe una tendencia a la baja en la delincuencia, tampoco indican que se haya recuperado la curva al alza.

2.- El desempleo influye en la delincuencia. Verdadero.

Aunque no hay estudios internacionales que confirmen la existencia de una relación directa de causa-efecto entre cesantía y delito, varios expertos coinciden en que en Chile existe al menos una correlación: el mayor número de desempleados aumentaría la pobreza, la marginalidad y varios de los problemas que conducen a la delincuencia. La crisis asiática que afectó a Chile es un ejemplo de esa correlación. Entre 1998 y 2003 la delincuencia registró la mayor alza desde 1977, subiendo de poco más de 1.000 delitos de alta connotación social cada 100 mil habitantes a 2.250 delitos cada 100 mil habitantes. En ese mismo período la tasa de desempleo subió de 6,2 %  a 8,5 % y llegó a peaks de 9,7 % en 1999 y 9,2 % en 2001.

3.- En Chile se cometen más homicidios que en Nueva York.  Falso.

Al cuestionar la cobertura de la delincuencia por parte de TVN, el presidente Lagos señaló hace pocos días que el número de homicidios en Nueva York "es infinitamente mayor que en Chile...". La afirmación de Lagos sería cierta si se utilizan como parámetro de comparación las estadísticas del Ministerio del Interior: según éste, la tasa de homicidios en Chile es de 1,6 por cada 100 mil habitantes (2003), y en la comuna de Nueva York es de 7 por cada 100 mil habitantes (2004). Sin embargo, el gobierno construye sus estadísticas únicamente a partir de las denuncias de homicidios que llegan a Carabineros, en circunstancias que a nivel mundial -y también en Nueva York- ese índice se construye sumando denuncias, hallazgos de cadáveres y homicidios flagrantes. Ese es el parámetro que debiera emplearse en Chile cuando se lo compara con Nueva York, y en ese caso el resultado es muy distinto, indican en Paz Ciudadana: según las estadísticas del Ministerio Público -que utiliza ese parámetro-, en 2004 hubo 8 homicidios cada 100 mil habitantes (cifra que contempla a todas las regiones del país, menos la Metropolitana, donde ese año todavía no debutaba la Reforma Procesal Penal). Así, y a diferencia de lo que señaló Lagos, Chile está un punto por delante de la comuna de Nueva York en cuanto a homicidios.

4.- La prensa chilena exacerba las noticias delictuales. Falso.

Al criticar a TVN por darles un protagonismo supuestamente excesivo en sus noticiarios a los hechos delictuales, el presidente Lagos dijo que veía las noticias de Nueva York y que a pesar de que el número de homicidios "es infinitamente mayor que en Chile... no veo eso (la cobertura)". Lagos estaba equivocado, y esa misma ciudad estadounidense sirve de ejemplo para corregirlo: un estudio del Instituto de Políticas Judiciales de EE.UU. concluyó que mientras los arrestos por homicidio disminuyeron en un 32,9 % en Nueva York entre 1990 y 1998, la cobertura de esos delitos subió en un 473 %.

5.- La mayoría de quienes delinquen en Chile ha consumido drogas. Verdadero.

La droga está presente en la mayoría de los delincuentes en Chile. De acuerdo a un estudio de Paz Ciudadana -el único que se ha realizado en este campo- sobre la base de 721 detenidos por distintos delitos en abril de 2005, el 80 % de los autores de robo con fuerza había consumido alguna droga, y de ese grupo, el 90% había consumido cocaína o pasta base. Lo mismo sucedía con el robo con violencia: el 77,9 % había consumido alguna droga y, de ellos, el 95% había consumido cocaína o pasta base. Muchos de esos delitos se deben a la necesidad de los delincuentes de costearse el consumo de drogas, que en el caso de la pasta base/cocaína llegaría a los $ 355 mil mensuales.

6.- En las grandes ciudades se cometen más delitos que en las pequeñas. Falso.

Tokio tiene 28 millones de habitantes y una de las tasas de delitos más bajas del mundo (0,62 homicidios cada 100 mil habitantes). En cambio, Port Moresby, la capital de Papúa Nueva Guinea, es la ciudad más peligrosa del planeta -reconocida así por la ONU- y tiene una población de sólo 193 mil habitantes. En Chile se produce en algunos casos el mismo fenómeno. La tasa de robos fuera del hogar es más alta en Iquique, Talca y La Serena que en Santiago (Paz Ciudadana/Adimark).

7.- Subir las penas es el mecanismo más efectivo para reducir la delincuencia. Falso.

De acuerdo a las investigaciones realizadas en Chile y en otros países, lo que más disuade a los delincuentes de cometer un ilícito no es la dureza de los castigos, sino la probabilidad de condena. Es decir, disuade el hecho de saber que, por delinquir, será efectivamente detenido, procesado y condenado. Esa probabilidad en el caso de Chile es muy baja. En 2003, de acuerdo a las cifras de la última Encuesta de Victimización del gobierno, se cometieron aproximadamente 400 mil asaltos (robo con violencia e intimidación), pero hubo sólo 2 mil 500 condenas. Eso implica que la probabilidad de recibir una condena es de 1 por cada 130 delitos. En Alemania es de 1 por cada 30 delitos.

8.- La nueva justicia penal no puede por sí sola reducir la delincuencia.Verdadero.

Hay consenso en que una justicia moderna y transparente es clave para contribuir a reducir la delincuencia. Pero también es un hecho que la justicia, por moderna y eficaz que llegue a ser, no puede progresar si no se avanza también a nivel penitenciario y de policías, campos en los que Chile sigue con grandes deficiencias. De allí que los estudios no hayan demostrado en Chile un efecto de la reforma sobre los índices delictuales: la comisión de expertos que en 2003 evaluó el avance del nuevo modelo de justicia -que debutó el año 2000 en las regiones Cuarta y Novena- concluyó que éste no tenía un efecto sistemático sobre la delincuencia. Al contrario, la evolución de la delincuencia en las regiones seguía una trayectoria independiente de si se había aplicado o no la reforma, de manera que no había conclusión posible.

9.- Chile es el país más seguro de América Latina. Discutible.

Depende del tipo de delito que se evalúe. Es cierto que en cuanto a homicidios, Chile está entre los países con menores índices de la región: 8 homicidios por cada 100 mil habitantes (según estimaciones de Paz Ciudadana), mientras Colombia tiene 20 por cada 100 mil habitantes (cifras del BID). Lo mismo sucede en el caso del robo con violencia, donde -de acuerdo a las estadísticas del Instituto de Crimen y Justicia de la ONU- nuestro país tiene mejores indicadores que Brasil, Colombia, Paraguay, Argentina y Costa Rica. Sin embargo, Chile puntea el ranking -sólo superado por Paraguay- de robo con fuerza en la vivienda y es primero en América Latina en cuanto a robo o hurto desde el vehículo. Chile tampoco salió bien evaluado en la encuesta Latinobarómetro 2003. Ante la preguntar "¿usted o un miembro de su familia ha sido víctima de algún delito?", un 34 % de los chilenos respondió que sí, ubicándose encima de Costa Rica (33 %); Bolivia (31%); Honduras (27 %); Uruguay (26 %) y Panamá (25 %).

10.- Bajar la edad de imputabilidad penal asegura una menor delincuencia. Falso.

La reducción a 14 años de la imputabilidad penal efectivamente va a significar que muchos delincuentes sean encarcelados y, por ende, dejen de delinquir, pero ¿qué sucederá cuando salgan de los centros de rehabilitación conductual si es que, como sucede ahora, no reciben tratamientos de rehabilitación y reinserción adecuados? Lo más probable es que muchos de ellos sigan delinquiendo, por lo que, según los expertos, a mediano plazo la medida no asegura una caída en las tasas de delincuencia. Para tener una idea de la magnitud del problema, al año en la Región Metropolitana hay entre 15 y 20 mil detenciones de menores de edad, y la mayoría de ellas asociadas a drogas. Un programa intensivo de tratamiento de drogas vale entre 250 y 300 mil pesos mensuales por recluso, y los recursos del Sename ciertamente no son suficientes para procesos de rehabilitación: el próximo año dispondrá de 80 mil millones de pesos. Hoy, según Paz Ciudadana, esos recursos no se invierten eficazmente, pero aun si lo hicieran, tampoco serían suficientes. Actualmente la tasa de reincidencia de los jóvenes entre 14 y 18 es de un 25 % (unos 5 mil jóvenes). Pero un dato relevante es que un 10 % de ellos explica un 40 % de las detenciones: se trata del "núcleo duro", impermeable a las políticas de prevención.

11.- Los jóvenes cometen más delitos que los adultos. Discutible.

En principio, la tasa de aprehensiones de adultos ha subido más en los últimos años que la de menores -entre 14 y 17 años-. Según Paz Ciudadana, entre 2000 y 2004 las detenciones de adultos subieron en un 37,6 % (de 73.338 casos a 101.021), mientras que las detenciones de jóvenes se elevaron en un 19,5 % (de 17.144 casos a 20.497 casos). Sin embargo, el resultado es distinto si se evalúa -ahora sólo en cifras globales- cuánto representan esas detenciones medidas como porcentajes de la población de menores y de adultos. En ese caso, los menores entre 13 y 14 años detenidos el 2004 constituyen el 1,94 % del total de jóvenes de esa edad en el país (1.055.047, según el Censo 2002). Los adultos detenidos ese mismo año, en cambio, representan sólo el 0,96 % del total de la población mayor de 18 años (10.444.605, según el Censo 2002).

12.- Construir multicanchas y espacios deportivos para los jóvenes previene la delincuencia. Discutible.

Depende de cómo se aplique el modelo. En el caso de Chile, al menos, no ha funcionado. Gonzalo Vargas, gerente de Paz Ciudadana, cita como ejemplo las multicanchas que suelen construirse en los sectores poblacionales: de noche muchas de ellas se convierten en focos de drogadicción o delincuencia. Y cuando efectivamente esos espacios son utilizados para actividades deportivas, a menudo -y ante la falta de control- terminan en riñas o ajustes de cuentas entre pandillas. En enero pasado, de hecho, un joven de 17 años fue detenido en Valparaíso tras asesinar de una puñalada a otro menor que le había hecho un fault durante un partido de fútbol. El deporte y los espacios para jóvenes previenen la delincuencia cuando están controlados y bajo el monitoreo permanente de profesionales que establezcan reglas de sociabilización.

13.- Las 10 nuevas cárceles concesionadas terminarán con la sobrepoblación penal. Falso.

Primero, porque el programa de concesiones, que debía estar listo en 2005, está retrasado: la primera etapa (recintos de Iquique, La Serena y Rancagua) está en marcha blanca; la construcción de la segunda etapa (recintos de Concepción y Antofagasta) se encuentra detenida; la tercera etapa (recintos en Santiago, Puerto Montt y Valdivia) estará lista el 2007 y la cuarta aún no se licita. El programa, así, no estará listo antes de 2008. Pero aun si se hubiera logrado la meta, tampoco se habría terminado con el hacinamiento: los 16 mil nuevos cupos que aportarán las cárceles concesionadas eliminarían efectivamente la sobrepoblación penal (hoy hay cerca de 40 mil reos ocupando un espacio para 26 mil) si es que ésta fuera estática, pero no lo es. Con un ritmo de crecimiento anual de 1.500 reclusos, para cuando estén listos los recintos nuevamente se requerirá mayor espacio penitenciario. La cantidad de reclusos en Chile subió de 130 por cada 100 mil habitantes, en 1997, a casi 250 por cada 100 mil habitantes, actualmente.

14.- Las cárceles nunca rehabilitan. Falso.

Un ejemplo de ese mito es el Centro de Estudio y Trabajo Nueva Vida, en Melimoyu, XI Región. Sus 45 internos -custodiados por 10 gendarmes- trabajan en una firma salmonera y el recinto, la única cárcel-isla del país, es un modelo de reinserción social. En el resto del país, sin embargo, no sucede lo mismo: las cárceles operan como verdaderas "universidades del delito" y la reincidencia llega al 50 % de los reclusos (cifras de Gendarmería). A eso se suma la escasez de recursos para reinserción. En 2002, por ejemplo, apenas un 0,8 % del presupuesto de Gendarmería se destinó a este ítem, porcentaje que además venía en descenso desde 1996. Por eso muchos especialistas apuestan a privilegiar el uso de medidas alternativas -como la reclusión nocturna o la libertad vigilada- para los condenados por delitos no violentos. Sin embargo, el número de personas sometidas a estos regímenes ha ido decreciendo -de 32.000 personas el año 2000 a 28.000 el 2003- y el sistema, además, no funciona: por ejemplo, hay 43,5 reos en libertad vigilada por cada delegado -encargado de vigilarlos-, mientras que a nivel mundial esa relación es de 30 a 1.

15.- El Plan Cuadrante ha fracasado. Falso.

Ha tenido éxito en aquellas ciudades donde se aplicó con los recursos que el propio plan establece para políticas de prevención. En Copiapó, Antofagasta y Temuco, tanto los índices de temor como, por ejemplo, los robos fuera del hogar y los robos con violencia, se han reducido de manera importante a partir de su aplicación. En Santiago, sin embargo, los índices han seguido en alza, lo que en el CEP atribuyen a la falta de monitoreo del programa. Como dice Gonzalo Vargas, de Paz Ciudadana, "no basta establecer los cuadrantes sin allegar los recursos necesarios para que Carabineros haga prevención".

16.- La seguridad es tarea de todos. Discutible.

La participación de la comunidad en el combate contra la delincuencia en general es positiva, pero puede tener repercusiones negativas. En varios países se ha demostrado que la incorporación de la ciudadanía en tareas de seguridad (delatar a los delincuentes-vecinos y contratar guardias armados, por ejemplo) a veces produce resultados adversos: justicia por sus propias manos, y nuevos muros y rejas que aumentan la exclusión social. Según los estudios realizados por la socióloga Lucía Dammert, de Flacso, es adecuado que la población participe en mecanismos de prevención, pero éstos deben ser regulados: es necesario controlar tanto el tipo de armas como los sistemas de seguridad que emplean los guardias privados. El gobierno, sin embargo, defiende el Programa Comuna Segura. Según el subsecretario del Interior, Jorge Correa Sutil, la clave en el combate a la delincuencia está en "un vecindario solidario". Y ejemplifica: el Comité de Seguridad de la Población La Cigüeña, de Macul, presentó un proyecto de alarmas comunitarias para 100 casas, con un costo de $ 4 millones. Los registros dicen que las denuncias por robo a casas de ese sector disminuyeron casi en un 70%.

17.- A mayor delincuencia, mayor sensación de temor de la población.Discutible.

Un estudio realizado en 2003 por los sicólogos Jorge Manzi y Ellen Helsper, de la Universidad Católica, demostró que la sensación de temor no tiene relación directa con las experiencias negativas de delincuencia. Y que las personas que no han tenido experiencias personales de victimización manifiestan un nivel de temor semejante al que exhiben quienes sí han sido víctimas de delincuencia. Una explicación a este fenómeno son los medios de comunicación, que tienden a representar aspectos negativos y violentos.

18.- Los privados invierten más en seguridad que el Estado. Verdadero.

Los privados son los grandes financistas de la seguridad en Chile. Según un estudio de Libertad y Desarrollo -que abarca el período de 1994 a 2002-, el Estado aporta US$ 1.000 millones y los privados US$ 2.500 millones. El aporte del Estado se destina al presupesto de Gendarmería, Investigaciones, Carabineros, Servicio Médico Legal, Sename y Ministerio Público, entre otros. En el caso de los particulares, los US$ 2.500 millones se desglosan de la siguiente manera: guardias privados, seguros contra robos, importaciones de bienes de seguridad y campañas publicitarias, entre otros.

19.- En Chile no han aumentado los recursos para combatir la delincuencia. Falso.

En los últimos 15 años el presupuesto fiscal para justicia y seguridad se ha triplicado en Chile, llegando a casi US$ 2 mil millones para 2006. La pregunta pendiente es si esos recursos han sido empleados de manera eficiente. Las estadísticas, al menos, no lo indican: entre 1990 y 2003 la delincuencia se disparó, subiendo de poco más de mil delitos de alta connotación social por cada 100 mil habitantes a 2.250. De allí en adelante se estancó. Pero el gobierno tampoco ha realizado estudios que demuestren la productividad de esos recursos. "¿Se ha avanzado en rehabilitación de internos? Las tasas hablan de un 50% de reincidencia. ¿Se sabe cuál es la eficiencia real del mayor número de carabineros del Plan Cuadrante? Tampoco. El Estado no ha producido estudios y nadie sabe si ese crecimiento del gasto es eficiente", señala Gonzalo Vargas, gerente general de Paz Ciudadana.

20.- Los sectores de bajos ingresos son los más afectados por la delincuencia.Verdadero.

Un estudio del especialista del Ministerio del Interior Jorge Araya -publicado por la Universidad Alberto Hurtado- confirma esa tesis. Elaborado a partir de los datos de la Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana de 2003, el análisis señala que los sectores socioeconómicos D y E, por ejemplo, son los más afectados por el robo con fuerza en viviendas. El grupo ABC1, en tanto, es el menos afectado. Lo mismo sucede con el robo con sorpresa -"lanzazos" o "carrerazos"-, frente al cual los grupos D y E son los más golpeados, y el ABC1, el menos afectado. El robo con violencia es un ejemplo de lo que Araya llama el "clasismo de los delincuentes": mientras en el ABC1 un 0 % de los afectados es herido en el asalto, en el grupo E esa cifra sube a más del 30 % de quienes fueron asaltados. Lo mismo pasa con las circunstancias de la victimización: los segmentos altos son víctimas de delitos en centros comerciales o en sus lugares de estudio o trabajo, y los segmentos populares mayormente en lugares cercanos como su casa o barrio. Otra cosa es la mayor connotación social y mediática que se les da a los delitos que afectan al sector ABC1 en comparación con aquellos que afectan a los grupos D y E.

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Comentarios

De tu articulo me pregunto una cosa, ¿Qué hacemos frente a ésto?

Saludos 

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Gabriela González


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Buenas Tardes,

Te queria preguntar cual es la region en Chile con menos crimen?  Espero tu respuesta

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